viernes, 25 de julio de 2008

...aunque sea viernes seguimos de lunes.

Continuando con la entrada de que he aprendido a callarme me remite a Pablo Neruda, que aparte de ser uno de los grandes poetas del s. xx y uno de mis preferidos sin discusión, es uno de los trovadores que mejor saben cantar una canción de amor ( y de izquierdas...).

A callarse

Ahora contaremos doce
y nos quedamos todos quietos.
Por una vez sobre la tierra
no hablemos en ningún idioma,
por un segundo detengámonos,
no movamos tanto los brazos.

Seria un minuto fragante,
sin prisa, sin locomotoras,
todos estaríamos juntos
en una inquietud instantánea.

Los pescadores del mar frío
no harían dañó a las ballenas
y el trabajador de la sal
miraría sus manos rotas.

Los que preparan guerras verdes,
guerras de gas, guerras de fuego,
victorias sin sobrevivientes,
se pondrían un traje puro
y andarían con sus hermanos
por la sombra, sin hacer nada.

No se confunda lo que quiero
con la inacción definitiva:
la vida es solo lo que se hace,
no quiero nada con la muerte.

Si no pudimos ser unánimes
moviendo tanto nuestras vidas,
tal vez no hacer nada una vez,
tal vez un gran silencio pueda
interrumpir esta tristeza,
este no entendernos jamás
y amenazarnos con la muerte,
tal vez la tierra nos enseñé
cuando todo parece muerto
y luego todo estaba vivo.

Ahora contare hasta doce

y tu te callas y me voy.

1 comentario:

vanessa dijo...

¿Callarse? ¿Por qué? La vida me ha enseñado un poco de diplomacia pero no me ha hecho amiga del silencio. Quien no habla sucumbe ante su cobardia, quien no tiene agallas para expresar lo que siente no merece cumplir sus sueños, nuestra esencia, nuestra verdad, eso es lo que nos hace libres, nadie oye nuestras quejas en la guarida del silencio. Después de mucho tiempo ( y muchas meteduras de pata) he llegado a la conclusión de que es preferible ser una mala sincera que una buena hipócrita.